AutorReinaldo Alberto Guerrero Gallardo En la ciudad de Guayaquil, puerto y capital económica de Ecuador, donde nací, nos criamos 7 hermanos a pocos metros del paso del rio Guayas, principal afluente hídrico de la costa ecuatoriana, con custodia y amor de nuestros padres y hermanos.
Muy joven, entrado yo a los primeros cursos del Colegio Vicente Rocafuerte en que además obtuve el título de Bachiller. Fueron años mozos, en que mi hermana Sara Leticia; nuestra hermana mayor conoció a Abel; se ennoviaron e hizo que veamos a diario a Abel en nuestro hogar. Fueron espacios continuos muy agradables. Abel pertenecía al Deporte del basquetbol y nos llevaba a todos al Coliseo Huancavilca, muy tradicional en nuestra ciudad, del cual su equipo algunos años obtuvo triunfos trascendentes hasta que posteriormente se casaron. En este trayecto Abel fué a dar clases de matemáticas y otras asignaturas técnicas en distintos cursos en el Colegio Vicente Rocafuerte. Al ser parte de la familia, su contacto bondadoso, siempre risueño y comprensivo nos ayudaba en las tareas del colegio, y en especial en aspectos en los que el dominada. Nuestra madre Hilda lo quería como a un hijo adicional, posteriormente se casaron Abel y Sara, y a esas alturas, ya Abel era un profesional de prestigio, entre otras cosas la Alcaldía de Guayaquil le dio un contrato de pavimentación de las calles en el suburbio de la ciudad. Fue el primer trabajo que realice como controlador de las obras. Cada día, por una u otra actividad nos encontrábamos, su contacto fue de total absorción de experiencia y amistad. Abel era transparente, por lo que su amistad estuvo muy por encima de considerarse una rutina, más bien era como otorgar sabiduría y fraternidad. MI MAYOR ANECDOTA CON ABEL JIMENEZ Un día de mis primeros años en la Universidad, cuando el Ecuador entro en una Dictadura militar, y entre los buenos proyectos de ese período presidencial fue la de haber creado una línea de crédito para emprendimientos de pequeños negocios. Bajo esta decisión, llegué a pensar que, no obstante, mi juventud, ya que apenas cursaba primer año en la Universidad de mis estudios de economía, podía optar por uno de esos créditos. Salí al Banco de Fomento, y solicite información acerca de los créditos, y me entregaron un folleto, que era como un libro, donde entregaban información burocrática extensa, en que adicional a la voluntad del interesado, necesitaba experiencia en microempresas, y tener garantías suficientes que avalen al crédito. Al ver que los requisitos yo no los cumplía; al haber leído con dedicación el folleto, pedí a mi padre que me dé un espacio en su oficina de Abogado para poner mi escritorio y así pude publicar en el Diario "El Universo", de la ciudad de Guayaquil, un anuncio para asesoría a los pequeños micro-empresarios, ayudando a llenar el formulario, más guía en El Banco de Fomento en la presentación de la solicitud. Durante tres meses hice amistad con cada uno de los funcionarios del Banco, incorporar garantías a las solicitudes, y otros requisitos. Al sentirme ya con alguna experiencia, pude reunir algunos recursos económicos, y apunté a instalar un pequeño negocio de Imprenta. con adquisición de maquinaria, y con la idea de publicar libros para lectura, que era, desde muy pequeño una de los mayores anhelos de mi vida, razón de que mi predilección o pasatiempo me otorgaría la primera acción en búsqueda de mis propósitos empresariales unidos al anhelo de hacerlos realidad en mi vida. No obstante, me faltaba una garantía viable para la obtención de mi préstamo. Pedí a mi padre que me diera su firma como garante. Él era muy tradicionalista, y sentía que mi juventud no iría a ser suficiente en la instalación del negocio. ¿quién más podría confiar en mí?, ya que era muy razonable lo que mi padre sostenía. Durante una semana no encontré una solución. Abel Jiménez había sido elegido Miembro del Consejo Provincial y trabajaba en el Banco de la Vivienda. Me dije a mí mismo, se la pediré a Abel, a quién quería como un hermano mayor. Fui a verlo a su trabajo, y quise comentarle mi situación. Salió de su oficina: -Mira Nalo,(diminutivo de Reinaldo) hoy voy a tu casa al almorzar. Para esto Abel ya se había casado con mi hermana Sara. En casa le desarrollé mi proyecto; y antes de seguir, como era su personalidad me interrumpió, llegó a decirme. -Mira Nalo, ¿Qué es lo que necesitas? Lo miré con cierta interrogación. -¡Sí hermano!, ¿qué necesitas? -Bien, necesito tu firma de garante. Ni siquiera preguntó la cantidad. -¿Dónde está el pagaré a firmártelo como garante? Me miró con esa mirada de estimación, y sonriente dijo: -¡Nalo, te lo voy a firmar a caballo tapado! Puso una mano en sus ojos, y con la otra estampó la firma. -Yo sé quién eres tú, y no me harás quedar mal. A la siguiente semana fui personalmente a New York a comprar máquinas usadas de Imprenta, con las que inicié mi primer negocio, y uno de mis anhelos, más que nada ensueño muy compatible culturalmente con mi vida empresarial y cultural. Personas como él son los preferidos en el Paraíso. De hecho, su nombre ABEL, es la del segundo hijo de la creación "Y ENCARGÓ DIOS A ABEL EL PASTOREO DE SU GANADO". (Genesis 4:5)
1 Comentario
AutorGustavo SIlva Minetto Estábamos Abel y yo en Salinas y fuimos a comprar hielo porque íbamos a jugar. Llegamos a Santa Rosa a un sitio que vendía hielo y Abel dice "Buenas noches, hielo..." y nadie salía, esperamos un rato y vuelve a llamar y esta vez grita "Hielo carajo!!" y el hombre que vendía viene a toda prisa y se rueda las escaleras y se levanta apurado sobándose y dice "Sí, señor, enseguida".
A manera de blog y a través de comentarios compartimos las historias de un hombre inolvidable. Con el aporte de todos sus amigos y familia queremos recopilar aquí las aventuras y acontecimientos en la vida de este campeón y héroe de multitudes : Abel Jiménez Parra.
|
AuthorFamilia y Amigos |